Fada dormilega
Laviga - 05-07-2005 11:38:01 | Categoria: Pre Textos
Dicen que las noches son todas sus confidentes, que todo le cuentan. Que elija lo que elija, siempre la siguen, la bancan, la aguantan y que no la dejan sola. Nunca. Es que ella es tan así, que hasta las noches caen rendidas a sus pies. Es el hada de los sueños y está siempre tan sola.Elige en qué cama acostarse en solo un instante y hasta ahí se transporta sin tocar el suelo. Ella siempre vuela. Y casi ni se nota cuando ella se sumerge en el tibio de las mantas y rompe a llorar. Calladita, en silencio, muertita de miedo. Y llora y llora, tan acompañada por las noches. Sola con el recuerdo. Recuerdo del recuerdo del sueño del sueño de la noche de una noche de un verano de junio.
Y es que en aquella noche de ese junio que ella tanto añora, ella, el hada, había estado velando el sueño de un niñito pequeño pequeñito, metida entre sábanas y pañales y perfume de bebé. En un rincón de la cuna, fumando esperaba a que amaneciera. Harta el hada de ser hada. Parada, fumando y mirando al crío. En sus walkman sonaba “...se cansa la rosa de ser rosa, se cansa la botella de su vino...” Harta el hada de ser hada. Tanta soledad, con tanta noche acompañando.
Salió de su velo al oír el crujido de las bisagras de la ventana y lo vio. Lo vio entrar.
Un ángel.
Excelso, sublime, superior, altísimo, perfecto. Extraordinaria aparición, que en tres agraciados y gloriosos pasos se posó ante a ella. Una visión magnífica.
Le peinó ella con los ojos las alas, cada plumita. Del pelo, los rulos negros como el cielo de esa noche, le peinó también con sus pestañas.
Le dio una última pitada al cigarrito, y lo apagó en el bordecito de la cuna, guardando la colilla entre sus ropas, las propias. El ángel dio el paso que restaba para quedar a escasos milímetros, cara a cara, boca a boca y abrió sus alas, recién peinadas por el éxtasis de un hada, bellas, más bellas que nunca. Y desplegó cada centímetro de cada ala frente a ella, que lo miraba con presencia y con sarcasmo, casi riendo, casi molesta.
- Y vos quién carajo sos?
El ángel abrió los ojos espantado ante el desparpajo del hada.
- Yo soy el ángel de la Guarda. – le dijo titubeando.
- Así que vos sos el famoso Ángel de la Guarda... – respondió ella
- Ahá.
Ahá fue lo único que el ángel atinó a decir antes de dejar caer las alas subyugado por la indiferencia del hada. Tanta indolencia le hería el ego, le asestaba un golpe a su orgullo.
- Tenés otro? –le pidió canchero señalando el lugar donde ella había apagado el pucho.
El hada buscó en sus bolsillos y sacó de una bolsita de cuero, un papelito y algo de hierba y se los dio en la mano.
- Armátelo vos – y se sentó en el rincón de la cunita, a mirarlo.
- Yo no sé – le explicó sonriendo mientras extendía su mano para devolverle los ingredientes – Armámelo vos.
Ella lo miró con fastidio. Ángel molesto y prepotente. Y recibió el papelito y el montoncito de yuyos. No se esmeró demasiado en el armado. Se escapaban torciditos pegoteados por entre los dobleces del papel.
- Lo sabés fumar al menos?
- No, tampoco. – y le volvió a sonreír, arrancando una lucecita de los ojos enrojecidos del hada. – Enseñame.
Maldito ángel. Condenado y maldito. Molesto, maldito y condenado ángel.
Lo quemó y esperó unos segundos. La mirada fija en el porro malhecho. Le dio una pitada profunda y sin cerrar los ojos se lo pasó al ángel, que la miraba embelesado, suspendido en su propia concentración.
- Dale, agarralo!
El ángel recibió el cigarro y lo llevó a su boca. La sonrisa no le dejaba dar una buena pitada. Se sentía tan a gusto. Alejó el cigarrito y se sentó frente a ella, en la otra esquina a los mismos pies del niño y se dedicó a mirarla. La recorrió paneando su aura y sus detalles menos universales, los que eran solo de ella y ya no le importó más nada. La humildad nacida de su propia vergüenza lo conmovía. Se sentía tan universal.
El papelito se fue apagando ante los ojos resignados del hada. Manso. Cordero. Y ella se fue quedando dormida bajo la contemplación de aquel ángel que enternecido no dejaba de adorarla.
Hoy ella ya no duerme. Dicen que las noches son todas sus confidentes, que todo le cuentan. Que elija lo que elija, siempre la siguen, la bancan, la aguantan y que no la dejan sola. Nunca. Es que ella es tan así, que hasta las noches caen rendidas a sus pies. Es el hada de los sueños y está siempre arrullando.
Ángel de la Guarda ,
dulce compañía,
no me desampares
...más.
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Comentarios
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Laviga, el texto es maravilloso. Me encantó. Qué buena sorpresa entrar a un blog y encontrarse con un escritor.
Comentario de Cristina hace 3 años y 39 meses
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Hermoso. Perseguir la belleza... jamás atraparla.
Comentario de V. onoff hace 3 años y 39 meses
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Ah bueeeno. Seguimos con el downtown. Yo te amparo nena.
S I E M P R E. Si seguis en esta te vamos a ir a buscar con l@s chic@s y te vamos a llevar por ahí. Donde ya sabes. Asi se te pasa rapidoComentario de Osvaldo hace 3 años y 39 meses
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es muy bueno poder saber algo de esta mravillosas cosas y yo siempre quiser ser una
Comentario de andrea hace 2 años y 31 meses